Condenaron a un enfermero rosarino que vendía fentanilo y otras drogas hospitalarias por redes sociales
Luis Benavídez trabajó durante una década en el Policlínico PAMI II de Rosario y los cargos en un juicio abreviado. La causa se destapó tras la denuncia del padre de un consumidor que apareció muerto en su departamento.
¿Te imaginás que el enfermero del hospital te vende por WhatsApp las mismas drogas que él mismo te tendría que aplicar con receta? Eso, exactamente eso, es lo que hacía Luis Benavídez, que durante casi diez años trabajó en el Policlínico PAMI II de Rosario y que esta semana terminó condenado por la Justicia federal.
Lo condenaron a cuatro años y seis meses de prisión efectiva, más una inhabilitación por el mismo tiempo para ejercer la enfermería y para ocupar cualquier cargo público. Fue en un juicio abreviado: la fiscalia y la defensa acordaron la pena, él reconoció los hechos y el juez federal de garantías Carlos Vera Barros lo homologó todo en una audiencia el 4 de septiembre.
Qué le encontraron
- Comercio de estupefacientes: vendía fentanilo para uso recreativo.
- Comercialización de sustancias medicinales peligrosas con ocultamiento del carácter nocivo: ofrecía bromuro de vecuronio, un relajante muscular que en un paciente despierto puede ser mortal.
- Hurto: las medicaciones las sacaba del hospital donde trabajaba desde 2014.
- Tenencia ilegítima de arma de fuego de uso civil: le secuestraron una pistola en uno de los allanamientos.
La historia es tan triste como insólita, y se entiende mejor con la cocina: pensar en un hospital como una gran heladera llena de remedios bajo llave, vigilada por un sistema que confía en que cada profesional va a sacar solo lo que necesita. Benavídez era uno de esos profesionales de confianza y, como un cocinero que se lleva comida de la cocina del restaurante, empezó a retirar medicamentos que después revendía por redes sociales.
El caso se destapó por una tragedia: un hombre de 37 años apareció muerto en su departamento el 9 de agosto de 2023. La autopsia provincial no pudo determinar la causa de fallecimiento y el laboratorio no tenía las técnicas para confirmar presencia de vecuronio, así que la muerte quedó archivada en la justicia ordinaria. Pero el padre del fallecido acercó el celular de su hijo a la Unidad Fiscal Rosario y contó que el joven le compraba fentanilo y otras sustancias a un enfermero. Esos chats y audios del teléfono fueron la punta del ovillo para reconstruir la operatoria.
Para el lector de a pie, lo que cambia es bastante concreto: la causa dejó en evidencia una zona gris enorme en la cadena de custodia de medicamentos críticos dentro de los hospitales públicos y de la seguridad social, donde el control depende en gran parte de la buena fe del personal. Cuando ese pacto se rompe, la puerta que se abre es la misma por la que un chico de 37 años termina muerto en su casa sin que nadie pueda decirle a la familia por qué.
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