Claves del estudio que vuelve a poner a la música en el centro del aula: qué hallaron en chicos de 7 a 9 años
Una investigación de la Universidad Northeastern comparó a 76 niños que tocaban un instrumento con pares sin formación musical y registró mejores puntajes en memoria, razonamiento y evaluaciones escolares. Los autores aclaran que el trabajo muestra asociación, no causalidad, y que el costo de las clases puede ser una barrera.
Cuando Malena llegó a casa con el violín bajo el brazo, su mamá, Claudia, pensó que era una más de las decisiones que se toman en la primaria y que terminan olvidadas en un rincón. Hoy, dos años después, Malena tiene 8, ensaya casi todos los días en la cocina de su departamento en Palermo y, según cuenta Claudia, "rinde mejor en la escuela, sobre todo en lengua y en matemática". Esa percepción de una mamá de Buenos Aires coincide, con matices, con lo que acaba de publicar un equipo de la Universidad Northeastern en Boston, que comparó a 76 chicos de 7 a 9 años para medir qué pasa cuando un niño se sienta frente a un instrumento.
Qué midió el estudio y a quiénes convocó
El trabajo reunió a 76 niños de entre 7 y 9 años, organizados en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos semanales; la otra mitad no tenía formación musical. Predominaban el piano y los instrumentos de cuerda, según el detalle que difundió la universidad. Además de la memoria de trabajo, los participantes que tocaban obtuvieron puntajes superiores en razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo. En las evaluaciones escolares, las diferencias abarcaron lectura, escritura y matemáticas, con resultados favorables en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
- Memoria de trabajo: la capacidad de retener información breve mientras se resuelve una tarea, como recordar una consigna mientras se hace un ejercicio.
- Razonamiento y vocabulario: los chicos músicos obtuvieron mejores puntajes en pruebas que evalúan estas habilidades.
- Lectura, escritura y matemática: las diferencias se trasladaron también a las evaluaciones escolares, con mejoras en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
- Aprendizaje visual y auditivo: otro de los terrenos donde los músicos sacaron ventaja frente a sus pares sin formación.
Por qué la música entrena la atención
Para entender el mecanismo, los investigadores apelan a las llamadas funciones ejecutivas, el conjunto de procesos que permiten planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a un cambio inesperado. Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, relacionó esas demandas con lo que ocurre al tocar: leer una partitura mientras se mantiene el ritmo y se coordinan los movimientos exige repartir la atención entre varias tareas a la vez. En la misma línea, la investigadora y educadora musical Anita Collins suele remarcar que aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación, capacidades que después se reutilizan en el aula. La lectura del estudio, igual, no permite asegurar que la clase de música haya causado la diferencia: las familias que acercan a sus hijos a un instrumento suelen ofrecer, a la vez, otras experiencias educativas que también favorecen el aprendizaje.
“Los participantes no fueron distribuidos al azar para recibir clases de música. Las familias que ofrecen esa actividad también podrían facilitar otras experiencias educativas, y aunque los investigadores compararon grupos de condiciones socioeconómicas similares, esa precaución no descarta otras explicaciones.”Universidad Northeastern, en el artículo sobre la investigación
A esa cautela se suma un dato que los propios autores destacan y que en la Argentina golpea de lleno: el costo de la formación musical puede limitar el acceso. Una cuota mensual en un conservatorio o en una academia privada, más el instrumento, queda fuera del alcance de buena parte de los hogares, sobre todo en un país donde los salarios vienen perdiendo contra la inflación. Para familias como la de Claudia, que eligieron un instrumento prestado y ensayan con videos de YouTube, la barrera es real. El estudio abre la puerta a explorar más la relación entre música y aprendizaje, y al mismo tiempo deja una pregunta incómoda: si la música ayuda, ¿cómo hacemos para que no sea un privilegio de quienes pueden pagarla?
Qué tener en cuenta antes de anotar a un hijo
La conclusión práctica para madres y padres no es una receta, pero sí pistas que surgen del trabajo. Primero, los beneficios aparecen con un mínimo de 30 minutos semanales de práctica sostenida, no con clases esporádicas. Segundo, no hace falta apuntar a la perfección: lo que el estudio pondera es el entrenamiento regular de atención, memoria y coordinación. Tercero, en la Argentina existen opciones públicas y comunitarias, desde orquestas juveniles y programas municipales hasta escuelas de música gratuitas, que pueden acercar la experiencia sin que el bolsillo se resienta. En el caso de Malena, la decisión empezó como una prueba y se transformó en una rutina que, según su mamá, le cambió la manera de estudiar. "No es que toque y le vaya bien en la escuela", resume Claudia, "es que aprendió a prestar atención, y eso le sirve para todo". Por ahora, la ciencia acompaña esa intuición con datos, aunque con el asterisco de que todavía falta para decir que la música, por sí sola, explica las diferencias.
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