Bryan, el cadete que no pidió infectarse: la nueva Resident Evil según Cregger y Abrams
Austin Abrams vuelve a cruzarse con Zach Cregger después de Weapons. Esta vez le toca cargar un paquete al hospital de Raccoon City, morderse y terminar convertido en un monstruo de utilería. Spoilers del final incluidos, aviso que no sirve de nada.
Arrancamos con una frase honesta: a esta altura uno esperaba que la saga Resident Evil en el cine ya hubiera agotado toda ocurrencia posible. Y sin embargo, acá estamos, otra vez en Raccoon City, con otra vez un mensajero que no pidió el trabajo. El bueno de Bryan, protagonista de la nueva película de Zach Cregger, sale a hacer una entrega y termina convertido en cosa de utilería. Spoilers del final incluidos, aviso que no sirve de nada.
La adaptación dura alrededor de 95 minutos (más corta que el traslado de Downtown hasta The Heights en hora pico, situación que ya le arruinó el día a más de uno) y se sostiene sobre una premisa bien simple: un paquete con destino al hospital de Raccoon City pone todo en movimiento. Bryan es un cadete cualquiera, con novia embarazada y turno extra de delivery, el clásico pibe que solo quiere terminar el reparto y volver a casa.
La reunión Cregger–Abrams después de Weapons
No es la primera vez que estos dos se cruzan. Abrams ya había trabajado con Cregger en Weapons, así que cuando le ofrecieron este protagónico, lo firmó a ojos cerrados. Lo interesante de este Bryan es que es un tipo sin ningún tipo de entrenamiento para pelear contra zombis (cualquiera que haya ido al supermercado un domingo entiende esa sensación de estar fuera de forma ante una amenaza). Abrams contó que buscó sostener durante todo el metraje esa condición de persona común tirada en medio de un apocalipsis particular.
Rodaje en Praga con lluvia congelada y mandíbula trabada
Las escenas físicas se grabaron en nieve y bajo temperaturas que harían llorar a cualquier tejano de pura cepa. El propio actor describió jornadas en las que la lluvia se congelaba literal arriba del vestuario, o sea, el clima de Houston un día de hielo (spoiler: Houston no tiene días de hielo, pero la frase sirve para dimensionar). A eso se le sumó otro reto extra: mostrar la transformación física de Bryan a medida que el virus T avanza y lo va dejando cada vez menos humano y más ruidoso.
El paquete, el antídoto y la mordedura (spoilers a discreción)
Si seguís leyendo es porque ya decidiste que los spoilers no te arruinan la experiencia. Durante el recorrido, Bryan atropella sin querer a una mujer que estaba a punto de convertirse en zombi (acto seguido huye de un policía y termina refugiado en una granja, porque la lógica del guion es la lógica del guion). El contenido del envío que carga resulta ser bastante más útil de lo que él esperaba: adentro viaja un antídoto contra el virus T. Detalle no menor: él ya había recibido una mordedura, así que la esperanza de cura tiene fecha de vencimiento bastante corta.
- El paquete con destino al hospital de Raccoon City desencadena toda la trama.
- La carga incluye un antídoto contra el virus T, aunque el protagonista ya estaba mordido.
- La infección avanza y convierte a Bryan en una criatura de gran tamaño.
- Para las escenas como monstruo, Cregger le pedía a Abrams rugidos cada vez más intensos.
El final, o cómo arruinarle el plan al héroe
La transformación termina de forma bastante gráfica y, sobre todo, definitiva. Abrams confesó que lo sorprendió la decisión de llevar al protagonista hasta la muerte y, con él, a la posibilidad concreta de frenar la expansión del virus. En su lectura, ese desenlace no es caprichoso: sirve para contar cómo el contagio siguió extendiéndose igual, pese a que hubo una oportunidad concreta de frenarlo. Por eso la describe como una historia de orígenes (no es un dato menor, ojo, que cambia la manera de leer el metraje entero).
¿Mi recomendación sin vueltas? Si te gustó Weapons y te copa el delirio de Cregger, esta Resident Evil te va a entretener durante la hora y media que dura. Si vas en busca de una adaptación fiel al videojuego, guardate la nostalgia para el emulador y andá tranquilo a otra sala.
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