Brad Pitt se va al confín del sistema solar a buscar a su viejo: Ad Astra y la misión que termina siendo un viaje al rincón más incómodo de uno mismo
La película de James Gray propone una aventura espacial con la Luna, Marte y varios planetas de fondo, pero el verdadero destino de Roy McBride es entender qué le pasó con su padre. Un drama con persecuciones, suspenso y un protagonista que hasta se jacta de tener el pulso bajo aunque por dentro se le esté yendo la vida.
Les voy a ser honesta: me zambullí en Ad Astra esperando pochoclo espacial y terminé saliendo de la sala con ganas de llamar a mi vieja. La película de James Gray, con Brad Pitt como una especie de cowboy con traje de astronauta, arranca como una misión de rescate y termina funcionando, sobre todo, como una larga carta de un hijo a un padre que se mandó a mudar hace décadas. Y ojo, no es spoiler: el propio material ya lo cuenta desde el primer párrafo. Acá vamos.
Un astronauta con el pulso de un monje y la cabeza en cualquier parte
Roy McBride es el tipo de persona que en la NASA le pondrían un cartel de "no se inmuta". Su gracia, o su defecto según como se mire, es el control emocional: en medio de una caída libre o de un accidente con víctimas, su frecuencia cardíaca se mantiene en niveles de yogui profesional. Esa calma, claro, convive con un agujero grande: su padre desapareció en una expedición hacía años, cuando Roy era pibe, y la historia arranca con una nueva misión que lo pone en la búsqueda de ese fantasma. O sea, Pitt hace de astronauta, sí, pero también de hijo que carga la mochila de no haber entendido a tiempo a su propio padre.
Pitt lo trabaja desde la mesura, casi con la mandíbula apretada. Hay algo muy de manual del actor eso de poner a un tipo duro a contener todo para que después, cuando se le mueve una pestaña, el público se desarme. A mí, personalmente, me remite a esos vecinos de Houston que te dicen "I'm fine, thanks" con la cara de alguien a quien se le acaba de incendiar el backyard. Roy es básicamente eso: un señor que dice que está bien mientras el cosmos le pasa por arriba.
La Luna, Marte y los planetas como escenario, no como tema
La dirección de fotografía de Hoyte van Hoytema se luce: la Luna con su base, Marte con su polvo, las distancias largas del sistema solar con esa sensación de "estamos solos y aparte no llegamos nunca". El viaje se siente pesado y silencioso, más cercano a un viaje en carretera de Houston a El Paso con el tanque en reserva que a un parque de diversiones del espacio. La ambientación no está puesta sólo para que el ojo se banque dos horas de pantalla: está al servicio del aislamiento del protagonista. Cada planeta es un paso más adentro de Roy y un paso más lejos de cualquier conversación fácil con su viejo.
El suspenso entra sin pedir permiso
No todo es metafísica familiar. Ad Astra tiene sus persecuciones, sus escenas de riesgo, sus momentos de "me agarro del pasamanos" que justifican las butacas con bandejero. Pero lo interesante es cómo el suspenso se mezcla con el drama psicológico: el avance de la misión empuja a Roy a revisar lo que recuerda, lo que imaginó y lo que se construyó sobre la figura paterna. Las expectativas que cargó toda la vida se le van cayendo de a poco, como escarcha de una nave.
- Es una película de 2019, dirigida por James Gray.
- El protagonista es Roy McBride, un astronauta con un nivel de control emocional fuera de serie.
- Su padre desapareció en una expedición anterior y la nueva misión lo pone tras su rastro.
- El recorrido pasa por la Luna, Marte y los límites del sistema solar.
- La fotografía de Hoyte van Hoytema refuerza la sensación de aislamiento.
- La historia combina aventura espacial con drama familiar, con el vínculo padre-hijo como eje.
Mi recomendación, sin vueltas: si te copan las pelis de ciencia ficción con cabeza, y no te asusta un ritmo más contemplativo que el de un blockbuster cualquiera, dale play a Ad Astra. Si lo que buscás es acción pura y hard space, ojo: acá la aventura importa, pero la pelea de fondo es la de un tipo consigo mismo. Y a esa pelea, les prometo, la vamos a entender todos.
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