Brad Pitt, monjes y nieve: la película que China no quiso ver
Repasamos la aventura de Jean-Jacques Annaud con el Tíbet como escenario: del Himalaya a la amistad con el Dalai Lama y las sanciones que complicaron a Pitt y al director.
Uno suele imaginarse que la mayor pelea de Brad Pitt en una película es con un estilista caprichoso, pero acá le tocó contra el Himalaya y, de yapa, contra el gobierno chino. “Siete años en el Tíbet”, el film de Jean-Jacques Annaud, vuelve a circular por estas tierras y vale la pena repasarla, porque es de esas propuestas que unen aventura con un cambio interno del personaje. Vamos a ponerla en bandeja.
Pitt se pone en la piel de Heinrich Harrer, un alpinista de elite que en 1939 deja a su esposa embarazada para irse a cumplir su sueño en la montaña. La Segunda Guerra Mundial, claro, le arruina el plan: termina preso y la expedición pasa de ser el objetivo central a quedar en segundo plano. Es como cuando uno deja el auto en el taller por un golpe chico y sale con la transmisión rota: la excursión se le fue de las manos.
Del cautiverio al Dalai Lama
Harrer logra fugarse y su derrotero lo lleva hasta el lugar donde vive el Dalai Lama, con quien entabla una amistad. A partir de ahí, la película cambia de eje: la aventura queda como contexto y el vínculo entre ambos ocupa el centro del relato. Es el momento donde el personaje se corre del trotamundos egoísta que era al principio.
Mientras Harrer se acomoda en ese mundo nuevo, en paralelo se muestra la preparación de China para invadir el Tíbet. Annaud maneja los dos planos con soltura: lo que vive el protagonista y el clima político que va cerrando sobre la región.
- Una expedición al Himalaya que arranca en 1939.
- Cautiverio durante la Segunda Guerra Mundial.
- Una fuga que cambia el rumbo del protagonista.
- La amistad con el Dalai Lama como corazón del relato.
- La preparación china para invadir el Tíbet como contexto histórico.
Las sanciones que vinieron después
Como si la montaña no alcanzara, la película le trajo dolores de cabeza a sus protagonistas. En 1997 China prohibió los estrenos del estudio Sony en el país durante ese año, y tanto a Pitt como a Annaud les cayó prohibición de ingreso, en principio de por vida. Algo así como sacarse un boleto con dirección al Himalaya y terminar varado en Ezeiza: el viaje se complica sin aviso.
Con el tiempo, las restricciones se aflojaron. Annaud pudo entrar en 2012 y después filmó allí “El último lobo”. Pitt recién pudo pisar China en 2014. O sea: el film les dejó más marcas en el pasaporte que en el lomo.
Si andan con ganas de un título que mezcle nieve, monjes y un Brad Pitt más sensible que el de otras películas, dénsela sin pensarlo. Es una de esas joyitas que conviene tener cerca, como una frazada en Houston cuando baja la temperatura: uno no siempre la necesita, pero cuando la busca, agradece tenerla a mano.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.