Barrena campeón en Palermo y Mena lloró en la red: el tenis como una pulseada que se juega hasta el último saque
Alex Barrena le ganó la final del Challenger de Buenos Aires a Facundo Mena por 6-4 y 6-0 y se quedó con su tercer título en la categoría. Hubo llanto, aplausos y un cruce de palabras en la premiación que mezcló lo deportivo con lo más personal.
La pelota picó dos veces en el rectángulo del saque y Facundo Mena se quedó mirando la red, con la cara empapada y las manos temblándole. Eran las 6-4 y 6-0 con las que Alex Barrena le terminó ganando la final del Challenger de Buenos Aires en el Racket Club de Palermo. El partido se define al mejor de tres sets, como en tenis se juega siempre, y el del domingo duró una hora y pico: el primero se lo llevó Barrena en el noveno game y el segundo fue un monólogo, una paliza tenística de esos sets que el que pierde prefiere olvidar rápido.
Una pausa que nadie tenía en el guión
La escena que se va a recordar no fue un passing shot ni un ace: fue el momento en que Mena, 34 años y rankeado 190 del mundo, se quebró antes de poner la pelota en juego. Se dio vuelta, lloró mirando hacia el palco, volvió a la línea, tiró el primer servicio adentro a la red y otra vez las lágrimas. La tribuna, en lugar de pedir silencio, lo aplaudió de pie. En el tenis, cuando el rival se quiebra, muchos piden silencio porque les molesta que se corte el ritmo; esta vez la gente eligió darle aire, como cuando en una cancha de fútbol el arquero se hace lío con los pies y la tribuna propia se le viene encima. Acá pasó al revés: la tribuna lo bancó.
Barrena, 220 del ranking, siguió ahí del otro lado de la red esperando. Es lo que hay que hacer en el tenis cuando el otro se frena a mitad del game: el reglamento permite tomarse hasta un minuto entre puntos y listo, la pelota vuelve a picar. El chaqueño esperó, sacó su derecha, y a los pocos games se llevó el partido sin ceder uno más.
- Barrena, de 28 años, ganó su tercer Challenger: el de Buenos Aires se suma a los de Concepción y Santa Cruz.
- Mena, 34 años y ex número 86 del mundo, jugó su primera final en el país después de un 2024 con más sinsabores que alegrías.
- El Racket Club de Palermo volvió a ser sede de un Challenger tras seis años, con tribunas llenas durante toda la semana.
- El llanto de Mena se viralizó en redes y abrió el debate sobre los límites del tenis profesional y la salud mental.
“Siempre soñé con hacerlo bien acá en Buenos Aires y delante de todos ustedes.”Facundo Mena, en la premiación
El cruce en la premiación que nadie vio venir
Una vez entregadas las placas, Mena habló primero. Agradeció al público, al torneo, y se acordó de su viejo, Gabriel, tenista y entrenador que se fue en 2020. Ahí se le volvió a quebrar la voz. Después le habló a su madre y dijo la frase que se llevó todos los flashes. Cuando le tocó el turno a Barrena, no se quedó en el deporte: «Formaste parte de mi infancia, te lo quiero agradecer», le dijo mirando a Mena. Los dos entrenaron juntos cuando eran chicos en Buenos Aires y ahora los dos terminaron en la misma final, uno con la copa y el otro con la emoción a flor de piel. El tenis tiene estas cosas que el fútbol casi nunca permite: que dos rivales se digan cosas así en la cara y se den un abrazo delante de la gente.
El próximo objetivo de Barrena es el Challenger de São Paulo, que arranca este lunes y repartirá puntos para meterse entre los 150 mejores del ranking. Mena, en tanto, evalúa si juega la qualy de un ATP en Río o descansa después del desgaste emocional de la semana. Lo que dejó el domingo en Palermo fue un recordatorio simple: en el tenis, igual que en la vida, a veces el punto importante no lo juega el que saca, sino el que respira al lado.
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