Argentina se anota en la carrera regional por los centros de datos para inteligencia artificial: qué tiene y qué le falta
Energía barata en Vaca Muerta, clima templado y tierras disponibles seducen a inversores que miran al país como plataforma de exportación de capacidad de cómputo. Referentes del sector marcan la cuenta pendiente: estabilidad macroeconómica y reglas claras para que el capital no se asuste a mitad de camino.
¿Por qué un país que hace veinte años no aparecía en el mapa de los centros de datos de repente suena en los escritorios de los fondos que financian inteligencia artificial? La respuesta tiene menos épica y más ingeniería: energía barata, clima fresco, territorio disponible y distancia de las zonas calientes del mundo. Argentina, dicen los actores del sector, tiene la materia prima para convertirse en un hub regional de cómputo, y la ventana para aprovecharla se abre ahora, mientras Estados Unidos y Europa chocan contra sus propios límites de capacidad.
Pongámoslo en lenguaje de cocina: si los centros de datos fueran una parrilla, lo que sobra acá es el carbón. El ingeniero Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon, compara el precio del megavatio en Vaca Muerta, alrededor de 50 dólares, con los 100 dólares que se pagan en otros mercados. Sobre un consumo anual intensivo, la diferencia ronda los 500 millones de dólares. Noelia Miranda, de Schneider Electric, resume el resto de los ingredientes: terrenos a precios razonables, clima que ayuda a enfriar los equipos y un país lejos de los conflictos bélicos que ya alteran las cadenas globales.
Lo que cambia con la inteligencia artificial
Hasta acá la película era conocida. Lo nuevo es la película que viene. Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, anticipa que entre 2025 y 2030 el 60 por ciento de los despliegues nuevos estarán pensados para cargas de inteligencia artificial, y que el 75 por ciento de esos trabajos van a pedir refrigeración líquida, una tecnología que obliga a repensar las instalaciones desde el primer caño. Para un país que todavía no tiene una masa crítica de data centers, esa transición es una oportunidad: puede saltar directo al estándar que viene, en vez de remodelar lo viejo.
Las inversiones que están en carpeta no son chicas. La empresa polaca Green Capital, a través de su representante en Argentina Jorge Vilariño, anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado exclusivamente a inteligencia artificial. Son proyectos que pueden alcanzar los mil millones de dólares y tardan años en madurar, por eso los inversores piden dos cosas que no siempre sobraron: estabilidad jurídica y previsibilidad cambiaria. Miranda lo dice sin rodeos: la misma inestabilidad que espantó capitales en el pasado es, si se corrige, la que puede volver competitivo al país frente a mercados saturados.
Qué cambia para el usuario común
Para el lector que usa el celular o entrena un modelo chico desde la notebook, la traducción es concreta. Más centros de datos en Argentina significa procesamiento más cerca, menor latencia para servicios en la nube y, en el mejor de los casos, dólares que se quedan acá y generan trabajo técnico especializado. También significa una factura de luz bajo presión: estos complejos consumen mucha energía, y el país tendrá que decidir cómo equilibra la demanda de cómputo con la de hogares e industrias. La oportunidad está servida, falta ver si la mesa está puesta.
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