Aftas bucales: por qué la mayoría se cura sola y en qué casos conviene consultar al profesional
Las llagas en la boca afectan a cerca de una cuarta parte de la población y suelen resolverse en una o dos semanas. Especialistas de Estados Unidos detallan los signos de alarma que justifican una visita al odontólogo o al médico y los factores que las desencadenan.
Las aftas, conocidas también como llagas bucales, son úlceras dolorosas que aparecen en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua. A diferencia de otras lesiones de la cavidad oral, no tienen origen infeccioso y no se transmiten por contacto. Según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, aproximadamente una de cada cuatro personas experimenta este tipo de lesión en algún momento de su vida, y en la mayoría de los casos desaparece sin tratamiento en el plazo de una o dos semanas.
Cuándo aparece y por qué
La clínica Mayo identifica un conjunto habitual de desencadenantes que explican la aparición de la mayoría de los episodios: mordeduras accidentales sobre el tejido blando, cepillado dental demasiado enérgico, roce constante con aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas, y la presencia de bordes filosos en alguna pieza dental. A estos factores mecánicos se suma el efecto irritante de los alimentos ácidos, picantes o muy salados, que pueden agravar la lesión y prolongar las molestias más allá de lo esperable.
- Mordeduras accidentales en el interior de la boca.
- Cepillado dental con excesiva fuerza.
- Roce provocado por brackets, alineadores o prótesis mal ajustadas.
- Bordes cortantes en piezas dentales o restauraciones.
- Consumo de alimentos ácidos, picantes o muy salados.
Cuándo la consulta profesional se vuelve necesaria
La misma institución de referencia enumera situaciones concretas en las que la consulta con un odontólogo o con un médico deja de ser opcional. Una afta que se extiende más allá de las dos semanas, que reaparece con frecuencia, que alcanza un tamaño considerable o que aparece antes de que haya cicatrizado la anterior son motivos suficientes para pedir una evaluación. También lo son el dolor que no cede con medidas habituales, la dificultad para comer o beber y la presencia de fiebre asociada al cuadro.
Patricia Villalobos, en su cobertura para la sección Salud y medicina, señala que la afta ocasional no constituye un motivo de alarma y que, en general, basta con geles de venta libre y enjuagues antisépticos para controlar las molestias leves, aunque aclara que esos productos alivian el dolor y favorecen la cicatrización sin impedir que las lesiones vuelvan a aparecer en el futuro.
El vínculo con los nutrientes
La clínica Mayo advierte que las aftas recurrentes pueden vincularse con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. La asociación no es automática: tener llagas frecuentes no equivale a presentar una carencia, ni el consumo de suplementos resulta pertinente sin indicación profesional. El especialista decidirá, a partir de la historia clínica y de los síntomas, si corresponde solicitar análisis de sangre para confirmar o descartar esa posibilidad.
“Antes de atribuir las lesiones a aftas recurrentes, es necesario descartar otras causas posibles. Por eso, en episodios frecuentes, la evaluación incluye los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.”Revisión publicada en el repositorio científico PMC
Qué hacer y a dónde recurrir
La recomendación concreta para quienes atraviesan un episodio aislado consiste en evitar los alimentos que irritan la zona afectada, mantener una higiene bucal suave pero constante y utilizar geles o enjuagues de venta libre para aliviar el dolor. Si la lesión supera las dos semanas, se repite con frecuencia, es inusualmente grande o viene acompañada de fiebre, el camino indicado es la consulta con un odontólogo o con un médico clínico, quienes podrán determinar si hace falta un estudio más profundo o la derivación a un especialista en patología bucal.
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