Adelgazar de golpe tiene un costo que pocos tienen en cuenta: el cuerpo empieza a comerse sus propios músculos
Especialistas explican por qué reducir demasiado la grasa corporal puede alterar las hormonas, debilitar los huesos y deteriorar el rendimiento, incluso en personas que entrenan a diario.
Lo conocí en el gimnasio de mi barrio, en Caballito. Sebastián tenía 34 años, entrenaba cinco veces por semana y estaba orgulloso de haber bajado del diez por ciento de grasa corporal en seis meses. Cuando le pregunté cómo se sentía, me dijo algo que se me quedó dando: “duermo mal, estoy irritable y hace dos semanas me engripé y no me pude levantar de la cama”. No era un capricho: su cuerpo le estaba pasando la factura por haber llevado las reservas de grasa a un nivel que el organismo no tolera sin consecuencias.
Por qué el número de grasa, mirado solo, no dice nada
El porcentaje de grasa corporal, leído de manera aislada, no alcanza para evaluar la composición real del cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo cambian esa foto. Y las herramientas disponibles tampoco coinciden: una balanza de bioimpedancia puede arrojar valores distintos según la hidratación del momento, y ese pliegue cutáneo que se mide con calibre no permite conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más riesgos trae cuando se acumula de más.
- Densitometría DEXA: distingue tejido graso, masa magra y masa ósea, pero requiere equipamiento especializado y suele ser costosa.
- Balanza de bioimpedancia: práctica y económica, aunque sensible al estado de hidratación.
- Pliegues cutáneos: útiles como referencia, pero no llegan a la grasa visceral.
La densitometría DEXA se usó en un estudio con más de setecientos deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Los mínimos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, muy lejos del uno o dos por ciento que se menciona cuando se habla de “definición muscular” en las redes.
Qué pasa cuando el cuerpo se queda sin reservas
Cuando la restricción calórica es tan marcada que las reservas caen a fondo, el cuerpo empieza a tirar del músculo para conseguir energía. Eso, según explicó Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, termina perjudicando la generación de tejido óseo y su reparación. En los hombres, además, la testosterona puede bajar junto con la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación.
“Disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del organismo ante infecciones graves.”Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford
La grasa no es enemiga: también cumple funciones
El motivo está en lo que hace el tejido adiposo. Además de guardar combustible para los momentos de mayor demanda, produce leptina, una hormona que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal cae por falta de reservas, el organismo empieza a postergar funciones para ahorrar recursos, y ahí aparecen los cascotes: huesos más débiles, defensas bajas, hormonas alteradas.
El abogado deportólogo Mariano Urrutia, que sigue casos de atletas en el fuero laboral y en federaciones, me explicó que cada vez recibe más consultas de deportistas a los que se les exige un cuerpo “definido” sin contemplar los estudios médicos: “les hacen firmar contratos con cláusulas de imagen atadas a un porcentaje de grasa que no se condice con su biotipo, y cuando se descomponen nadie se hace cargo”.
Sebastián, mi vecino del gimnasio, hoy está retomando el entrenamiento con un plan distinto, supervisado por un endocrinólogo. Me dijo, mientras guardaba la mancuerna, algo que sirve como advertencia para cualquiera: “Quería verme como en la portada de la revista, y terminé sin poder levantar la bolsa del supermercado”. Adelgazar de golpe, en nombre de la estética, puede terminar pasándole la factura al cuerpo entero.
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