Levantarse de la silla cada hora, aunque sea por dos minutos, puede cambiar la jornada: lo que dice la nueva revisión científica
Un análisis que reunió 1.115 personas encontró mejoras chicas pero concretas en atención y memoria cuando se intercalan pausas activas en medio del trabajo sentado. Especialistas consultados llaman a tomarlo como complemento, no como reemplazo del ejercicio físico.
Me lo imagino a Carlos, un administrativo de cuarenta y tantos que pasa ocho horas frente a la pantalla en una oficina de microcentro. Cuando arranca la tarde, le cuesta hilar dos pensamientos seguidos, se le escapan los nombres de los clientes y le tiembla el cursor cuando tiene que tipear un correo importante. Un día, harto, se levantó del sillón, caminó hasta la cocina, llenó el termo, volvió. Dos minutos. Y a la media hora siguiente, la cabeza le respondió otra vez. Esa escena, multiplicada por miles, es la que pone bajo la lupa una revisión reciente que llegó para discutir algo tan sencillo como incómodo para las rutinas de oficina: la idea de que moverse un poco, muchas veces, puede rendir más que esperar al gimnasio de la noche.
El trabajo, encabezado por Yongming Li y publicado en una revista científica revisada por pares, juntó los resultados de 25 ensayos clínicos en los que participaron 1.115 personas de entre 8 y 78 años. La pregunta era directa: qué pasa cuando uno interrumpe las horas sentado con caminatas, estiramientos, unas sentadillas, subir escaleras o pedalear unos minutos en una bicicleta fija. La respuesta también fue bastante clara: al retomar lo que se estaba haciendo, los voluntarios mostraron mejoras en atención sostenida, en la capacidad de cambiar de tarea sin perder el hilo y en el control de los impulsos. Hasta la memoria de trabajo, esa que nos permite retener un número de teléfono mientras lo marcamos, se vio beneficiada.
Dos minutos, una hora y un beneficio que se repite
Lo interesante es el formato de las pausas. Los estudios incluyeron interrupciones tan cortas como dos minutos, repartidas cada media hora o cada una hora. No se trataba de sesiones de entrenamiento: eran apenas el tiempo que lleva calentar el agua para un mate o bajar a buscar un café. Para quienes trabajan sentados, el análisis arrojó un detalle fino: cuando las pausas se separaron por una hora, el efecto fue un poco mejor que cuando se hicieron cada treinta minutos. La diferencia fue chica, pero apunta a que no hace falta atascar la agenda de interrupciones para cosechar algún fruto.
“La magnitud promedio del efecto fue modesta, de 0,24 en la escala estadística utilizada, donde 0,2 ya se considera un efecto pequeño. Los resultados fueron mayores cuando las rutinas se sostuvieron varias semanas y en ámbitos escolares o laborales.”Equipo de Yongming Li, autor principal de la revisión
En diálogo con la prensa especializada, Mark Hamer, investigador del University College London, se mostró razonable con los hallazgos y al mismo tiempo pidió no leerlos como una varita mágica. El promedio, explicó, mezcla niños de ocho años con adultos de 78, etapas cognitivas muy distintas entre sí. Aun así, valoró la posibilidad de incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección en una escuela o una reunión en una oficina, sin necesidad de comprar aparatos ni cambiar la ropa.
Desde el lado de los mecanismos, Mike Trott, investigador de la Universidad de Queensland, manejó una hipótesis que circula hace años en el mundo de la neurociencia del movimiento: al hacer un poco de actividad física se liberan dopamina y noradrenalina, dos sustancias clave para mantener la atención y la velocidad de procesamiento. No es magia. Es biología básica: el cerebro responde al movimiento, y un empujón corto le alcanza para reorganizarse antes de la próxima tarea sedentaria.
Vuelvo a Carlos, que ahora tiene un permiso informal para pararse cada hora. No reemplaza la caminata larga del sábado ni la clase de fútbol de los jueves, eso lo sabe él y lo remarcan los autores del trabajo. Pero entre mate y mate, le cambió la tarde. Y si la evidencia se confirma con más estudios, quizás termine cambiándole la cabeza a varias oficinas más.
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