El poder adquisitivo de los sueldos formales se mueve según la ventana que se mire y los rubros que se pesen
Las remuneraciones privadas registradas ganan o pierden contra la inflación dependiendo de si se incluye diciembre de 2023 en el cálculo; las públicas pierden en ambos escenarios y los gastos del hogar avanzan por encima del índice general.
El poder de compra de los salarios privados registrados en la Argentina muestra dos caras según el período que se tome como referencia: gana 9% en términos reales cuando la comparación arranca en enero de 2024 y pierde 3,6% cuando se incorpora diciembre de 2023 al cálculo. La diferencia no es menor, porque ese mes registró una inflación de 25,5% y, al incluirlo, el acumulado de precios ronda el 320%, frente a cerca de 235% cuando se lo excluye.
Vamos a los números. El Índice de Salarios del INDEC separa tres universos: empleo privado registrado, empleo público y asalariados no registrados. En los dos primeros, el resultado depende del punto de partida. Los empleados públicos presentan pérdidas reales en ambos escenarios, con caídas que van del 0,7% al 16,5%. Los trabajadores informales, en cambio, muestran mejoras reales de entre 85% y 115% desde niveles muy deteriorados; se trata de más del 44% de los asalariados, un universo que partía de ingresos muy bajos y cuya recuperación, aunque significativa en porcentaje, no se traduce automáticamente en los mismos montos absolutos.
Qué mide cada indicador
- RIPTE: remuneraciones brutas de empleados formales con más de trece meses de antigüedad; excluye a quienes no cumplen ese requisito y a los no registrados.
- Índice de Salarios del INDEC: distingue entre empleo privado registrado, público e informal, lo que permite comparar cada segmento contra la inflación.
- SIPA: registra más de 240.000 puestos privados perdidos durante el período analizado, una dimensión que queda fuera de la comparación salarial pero pesa sobre el diagnóstico.
A la hora de comparar con la Argentina, la foto se vuelve más compleja cuando se observa la composición del gasto familiar. Desde enero de 2024, los precios acumulan un alza de 234,7%, pero vivienda, agua, electricidad y gas trepan cerca de 530%, y el transporte registra un incremento de 274%. Esa brecha explica por qué una mejora salarial medida contra el índice general no se traduce necesariamente en más dinero disponible: el resultado para cada hogar depende también de cuánto destina a los gastos fijos y de cómo se distribuyen sus consumos.
Los porcentajes analizados no tienen una fecha de cierre especificada, por lo que no permiten describir por sí solos la situación salarial actual. El salto de diciembre de 2023 funciona como una bisagra: incluirlo o excluirlo cambia el signo de la variación real para los privados registrados y deja a los públicos con pérdidas en cualquier ventana. La magnitud de la recuperación informal, en tanto, convive con un mercado laboral que, según el SIPA, destruyó más de 240.000 puestos privados formales en el período bajo análisis.
“El sueldo puede ganarle a la inflación promedio y, al mismo tiempo, alcanzar para menos si la canasta se inclina hacia vivienda, servicios o transporte.”Lectura del Informe
La discusión de fondo pasa por dos ejes. El primero es metodológico: qué mes se elige como base y qué índice se usa como deflactor. El segundo es estructural: aun cuando el ingreso acompañe al índice general, la dinámica de los rubros regulados y del transporte puede erosionar el margen de los hogares con consumos fijos elevados. En un país donde la canasta pesa más que el promedio, ¿alcanza con que el salario le gane a la inflación para hablar de una recuperación real?
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