La tarta salvadora: cómo vaciar la heladera y no caer en el delivery otra vez
Con lo que quedó del domingo se puede armar otra comida sin pisar el súper ni pedir la app a las once de la noche. Verduras, masa casera y un par de trucos para que la carne no quede como suela de zapato.
Dime la verdad: ¿cuántas veces abriste la heladera, viste medio pollo asado mirándote con cara de pena y terminaste pidiendo una pizza porque no te daba el cuero para cocinar? Tranqui, no estás solo. Pero la próxima vez que pase, probá con una tarta. Sí, una tarta. Con lo que ya tenés en casa, sin volver al súper ni jurarte que el lunes empezás la dieta.
El pollo que sobró tiene más vidas que un gato
El punto de partida es ese pollo que quedó de ayer. Sirve la pechuga, sirve el pata muslo, sirve hervido, al horno o a la parrilla. Lo cortás en cubos o lo desmenuzás con las manos (sí, con las manos, como en casa de tu abuela) y ya tenés medio camino hecho. Reutilizar lo que hay en la heladera es, además de una solución para la cena, una forma de no tirar plata a la basura.
Eso sí: ojo con la humedad. La carne que ya pasó por el horno o por la parrilla sale seca, y si la metés así nomás a la tarta te queda un relleno que parece masticar un bollito de factura del lunes. El truco es saltearla con cebolla y morrón y, si ves que se está pegando o secando, tirar unas gotitas de agua. Pocas. No estamos haciendo un guiso, estamos salvando un pollo.
Verduras, queso y lo que aparezca
Acá viene la parte linda: la combinación. La calabaza asada con queso es de esas mezclas cremosas que abrazan al pollo y lo dejan cantando. El choclo amarillo con un poco de crema de choclo blanco le da otra onda, con texturas que se pelean de gusto en la boca. Y si querés ir a lo simple, cebolla, cebolla y más cebolla: tres ingredientes, sartén, y listo el domingo a la noche.
- Calabaza asada más queso: cremona absoluta, ideal para los días de frío.
- Choclo amarillo con crema de choclo blanco: texturas cruzadas, como cuando combinás dos aplicaciones en la compu.
- Cebolla como base: pocas pulgas, mucho sabor.
- Zanahoria, espinaca, zapallito o morrón cortados en tiras o cubos para sumar volumen sin gastar un peso.
- Purés de berenjena, morrón, calabaza o batata como cama del pollo: puro mimo para el bolsillo y la heladera.
- Queso, huevo o crema como pegamento: lo que ata la preparación y la deja jugosa.
La masa: comprada, sí, pero la casera manda
¿Tapa comprada? Perfecto, nadie te juzga. Pero si te querés dar el gusto, la masa casera es de esas cosas que parecen difíciles hasta que las hacés una vez. Dos tazas de harina, media de agua, media de aceite, a la mesa y a amasar. Te queda una textura más bien arenosa, ideal para una tarta de estas características. Y el condimento va a tu criterio: orégano, ajo en polvo, ají molido o unas semillas le cambian la cara. Es como customizar un pedido en la app: el plato base es el mismo, pero le ponés tu onda.
Mi recomendación, sin vueltas: hacé la masa en casa aunque sea una vez. Después vas a ver que el sabor no tiene nada que ver con la comprada y que te sentís cocinero aunque sea un rato. Y la próxima vez que abras la heladera y te cruce la mirada con ese pollo solitario, ya sabés qué hacer. Tarta al horno, delivery suspendido, heladera vaciándose como corresponde.
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